Una sesión
Llegás como estás. No hay nada que preparar ni que ordenar antes de venir.
Vos marcás la dirección. Mi tarea es acompañar con atención: seguir lo que va apareciendo mientras hablás, entrar en contacto con eso, y ofrecer preguntas que inviten a mirarlo de cerca. Las preguntas pueden invitar una nueva perspectiva para mirar lo que te está pasando o simplemente notar qué está sucediendo en tu cuerpo en ese momento. La conversación avanza al ritmo de lo que se va abriendo.
Hacia el final bajamos la velocidad para aterrizar juntos: qué se movió, qué te llevás, qué quiere seguir desplegándose en los días que siguen.
A dónde puede llevarnos el trabajo
El mapa que uso viene de Aletheia, la escuela donde me formé, y distingue distintas profundidades de un mismo territorio.
A veces trabajamos con partes: esas voces internas — la que critica, la que controla, la que empuja — que en el fondo intentan protegerte. No las combatimos; les hacemos lugar, investigamos cuál es su objetivo, qué están cuidando.
A veces trabajamos con procesos: emociones y experiencias que quedaron a medio camino y buscan completarse. El cuerpo suele saber por dónde.
Y a veces el trabajo es más silencioso: descansar en la presencia que sostiene todo lo anterior. Naturalmente habitamos distintos estados de presencia (más enraizados, más espaciosos, más fluidos) aunque rara vez los reconocemos. Aprender a detectarlos, y a descansar en ellos, cambia la cualidad de todo lo demás.
Dos ritmos
Durante dos años caminé casi a diario por el mismo bosque, con la cámara. Hubo días enteros sin una sola foto. Y hubo días en los que llegaron cientos, sin que las buscara.
El trabajo interno tiene esos mismos dos ritmos.
Los patrones que te protegen se parecen a la niebla del bosque: no se levantan porque los empujes. Llevan años cumpliendo su tarea, y apurarlos suele ser justamente lo que los mantiene en su lugar. Ese es el primer ritmo, el lento, el de la confianza.
El otro llega solo. Un día, sin aviso, la niebla se abre: lo que tardaba semanas en aparecer empieza a llegar por sí mismo, como esas mañanas en que el bosque regala cien imágenes.
Conocer los dos ritmos ahorra impaciencia. Los dos son parte del mismo despliegue.

Entre sesiones
No dejo tareas. A veces te vas a llevar una micro-práctica: un gesto pequeño y simple para las horas que siguen a la sesión, que es cuando lo que se movió más necesita espacio para asentarse. No es un deber; es una forma de seguir prestándote atención. Aquí, menos es más.
Mis raíces
Mi práctica se sostiene en dos formaciones de coaching y en veinte años de trabajo con la atención.
En Aletheia aprendí el paradigma del despliegue: dejar de tratar a las personas como problemas a resolver y aprender, en cambio, a acompañar la manera en que la vida ya se está desplegando en ellas.
Hace 4 años que tomo cursos con Art of Accomplishment. De Joe Hudson y Tara Howley aprendí a recibir lo que se presenta con vulnerabilidad, imparcialidad, empatía y asombro, y a acompañar la integración de los tres cerebros: el de la cabeza, el del corazón y el del instinto. Lo que la cabeza entiende recién se vuelve real cuando el corazón y el instinto lo acompañan.
La Técnica Alexander atraviesa todo lo que hago: es mi entrenamiento diario en notar esfuerzos innecesarios y hacer espacio, en cultivar mi capacidad de elegir mi respuesta frente a cada estímulo.
Cada una de estas herramientas la descubrí en mí antes de ofrecerla. No te voy a pedir que vayas a ningún lugar donde yo no haya estado.
Detalles concretos
- Sesiones individuales de una hora, por Zoom.
- En español o en inglés.
- Nos encontramos cada una o dos semanas, según lo que el proceso pida.
- Vivo entre Montevideo (septiembre a abril) y Augsburgo (mayo a agosto), así que los horarios se acomodan dos veces al año según tu zona horaria.
- Si estás en alguna de esas ciudades, también podemos coordinar encuentros presenciales.
Empezar
Si algo de esto resuena, escribime. Empezamos por una conversación sin compromiso, para conocernos y sentir si soy la persona indicada para acompañarte.